Els Ports. En las entrañas de Mont Caró


Por Gema y Antonio. Fotos cortesía de Yess. Tienes todas sus fotos en su foto-blog.

Ya el equipo de avanzada regresó con muy buena impresión de su visita a este lugar en Semana Santa. El descenso de la Vallfiguera, la álgida experiencia del Canaletes, imponente en temperatura y belleza, y la vía ferrata del Penyaflor demandaban una segunda temporada en esta serie de aventuras con un final inconcluso. Nada mejor que el puente de mayo para reactivar las labores en este patio de recreo que nos brinda la montaña catalana, colindante a la localidad de Tortosa.

Estrenamos este lote de actividades con el descenso del Paridora y sus badinas en verde esmeralda. La acertada visita de la Avenc Sabarin. El desafío del Cova Pintada, con una aproximación exigente a la par que agradecida en paisaje, quedando patente por supuesto, ese último rapel de unos setenta metros en unica y señera tirada, donde la aparición de la Cova que da nombre a esta quebrada, aún a varios metros del suelo, hace que olvides la responsabilidad de la mano que tensa tu cuerda. Y como colofón de estas andanzas, la ferrata de la Torreta de Montsiá, para la que hay que llegar hasta la localidad tarraconense de Ulldecona. La vista que te ofrece su final del Delta del Ebro precipita el maxilar inferior de forma inapelable. Huelga decir que cualquier episodio de los citados bien merece un relato, pero en esta ocasión, ya sea por azar, o bien porque somos un grupo de Espeleo sin más, enchufamos de nuevo los frontales y nos introducimos en la AVEC SABARIN.

Los lluviosos albores de un veintinueve de abril sugestionaban a los allí presentes, trasladando sus deseos de acción al subsuelo de Mont Caró. Tras debatir sobre que Avenc sería la elegida, Josep, gerente del refugio, nos sacó de dudas. La Avenc Sabarin. Seguidamente y tras gestionar la logística de la actividad, disponiendo para ello del refugio libre, anexo al que morabamos y que gentilmente nos cedió Josep, marchamos hacia la Avenc. El camino a seguir, y para el que es preciso el uso de todo terreno, lleva del refugio de Mont Caró hasta el refugio de Cova Cambra, no teniendo que llegar a éste último. Tras un escueto tramo de asfalto tomaremos un desvío a nuestra izquierda que nos coloca en una pista de acusadas pendientes y piso deteriorado, debiendo de sobrellevarla durante dos kilómetros aproximadamente. Una sucesión de curvas nos descubre un patente hito de piedras a nuestra derecha a la vez que indica la entrada a un camino, lugar que se nos antojara perfecto para dejar el vehículo. Hay que vestirse como es debido. Pertrechados conforme exige la actividad tomamos aquel camino que nos señalaba el hito. Un cómodo paseo de obvio balizado nos garantiza la aproximación y llegada a la entrada de la Avenc. El lugar inquieta nuestra atención. Un mínimo claro en el bosque, cuidado con detalle, se nos asemeja a un punto de meditación. Placa sobre la entrada en recuerdo de alguien memorable, vasija con blancas flores y banco para recordar buenos momentos compartidos.

Marta e Irache, cual aguerridas Thelma y Louise, ya en modo ON FIRE, comienzan con la instalación. Seguro y reaseguro en un árbol y desde otro un desviador que evite el roce. Un cielo cruento concomitado por algún trueno a la lontananza nos hace movernos céleres. Yess modula el desviador conforme vamos bajando. Ya solo queda uno. El granizo es intransigente pero verlo entrar por la boca compensa. Un rapel en rampa muy cómodo, visible desde el exterior, de unos ocho metros, nos pone al grupo en nuestra primera sala. Denominada como Sala del Pastor se nos muestra de empaque alargado y dimensiones considerables. Una rampa descendente, bien iluminada en su inicio por la luz exterior, nos empuja hasta el centro de la sala. Aquí y a nuestra izquierda, dos parabolt instalados a cierta altura indican la continuación. También en la pared derecha, unos metros más hacia el fondo de la sala, un estrecho paso con una instalación vetusta se insinúa como posible continuación.

En el fondo de la sala varios recovecos nos entretendrán por su atracción fotogénica.

Sin darle tregua a la cortadora de bacalao, Irache y Marta instalan para el descenso, desatendiendo la estrecha apertura o pozo de la Concordia, la cabecera de los dos parabolt o pozo de la Discordia, una desobstrucción apta para todos los públicos. Este tramo consta de un rapel aéreo de unos veinte metros, fraccionando a nuestra izquierda para bajar otros ocho metros de rampa y un último cambio de cuerda para descender unos cuatro metros. Una cuerda de cincuenta es suficiente para realizar los tres rapeles. Estamos en la sala de Joan Sabaté Gelado, estancia de grandes dimensiones, en la que lo primero que percibimos es un pasamanos instalado que sale de nuestro último fraccionamiento y que termina en un pingo que se descuelga junto a dos peldaños metálicos. Debajo de ellos y ya en el suelo, una galería de techo bajo y en rampa descendente nos sugiere nuestro próximo avance. Esta galería finaliza en un reducido paso, temerario de superar a primera vista. Un natural sito frente a la pequeña apertura nos vino perfecto para instalar a modo de fortuna una ayuda inteligente y franquear el mínimo acceso con seguridad.

Estamos en el singular Río del Sándwich. Cierto es que hace honor a su nombre pues los primeros metros te obligan a moverte cual loncha de lo que más gustes entre el techo y el suelo. Se trata de un meandro de techo bajo en el que hay momentos que la colocación corporal es ineludible. El caudal, lejos de ser preocupante, te garantiza el pediluvio. Un sector entretenido que se libra de forma desahogada a pesar de su sección. Tras dejar uno de los pasos más críticos, salimos del río por la izquierda. Una ventana nos abre una rampa ascendente por la que llegamos a una nueva sala denominada Sala Pili. Según accedemos a ella, sus diversas formaciones en techo y paredes nos dejan sorprendidos. Una colada en rampa ascendente ubicada a la izquierda de la entrada marcará nuestros pasos para continuar la aventura, aunque esto es literal, pues en lo más alto de la colada nos espera la estrechez que más aprieta en la Avenc Sabarin, els pas dels barrots. Tendidos en el suelo reptaremos entre dos columnas forzando el avance. Aprietan pero no ahogan. Conseguido este paso seguimos ascendiendo para de forma inmediata librar una nueva estrechez, una gatera de doble acceso nos conmina de nuevo al arrastre, ambos orificios se superan cómodamente. Erguidos, lo primero que va a ocupar nuestros ojos es una cuerda en fijo frente a nosotros, pero la joya está a nuestra derecha. La Sala de las Banderas.

Andaremos sobre una cresta obstaculizada con enormes formaciones que tendremos que circunvalar. En nuestros pasos no perderemos de vista el suelo, ya que el desfondamiento permanente que tenemos a nuestra derecha nos alertara de que nos movemos por el techo de la sala Pili. Sin que ello nos intimide vamos buscando el final de esta alargada sala. Latentes, tras una prominencia en la que acentuaremos nuestro equilibrio, tenemos el motivo por el que hay que visitar esta cavidad. Unos peculiares gours que desbordan una belleza artística desmesurada nos paralizaran. Los veremos desde cualquier ángulo y nos costará creer lo que tenemos frente a nosotros. Con respeto a lo ya visto, estos gours justifican con creces el hacer kilómetros y acceder a esta Avenc. Pero no termina aquí el descontrol de venustidad, al fondo de la sala y con una pureza gótica, las pétreas columnas se exhiben en distintos tamaños y formas, destacando en esta diversidad de esculturas sus ondeantes banderas. Muy a nuestro pesar la cavidad continua. Retornando desde el fondo de la sala y sin olvidar que periclitamos a cada paso, mantenemos la cautela hasta llegar a esa cuerda ascendente. Subiremos en breve aéreo unos diez metros y en el fraccionamiento, un escueto tramo por la pared nos hace llegar a nuestra última sala de este sector. La sala Gea.

Bellos rincones semiocultos componen el zócalo de las paredes de esta sala, de suelo plano y tabiques que guardan la sintonía de las anteriores estancias, imponentes banderas al fondo, espeleotemas que solicitan su inevitable atención suspendidos del techo, gours, excéntricas…, todo a pedir de boca. Una sala colgada nos deja con la curiosidad, pues lo único que nos tienta son unos inalcanzables parabolt instalados a modo de pasamanos.

Con esta parte de la Avenc satisfecha, regresábamos hasta la Sala de Joan Sabaté Geladó, deshaciendo sin más el camino de ida. Nuestra vía ahora comenzaba en aquellos peldaños metálicos y ese pingo que nos ofrecía una mano. Incorporados en la espectacular diaclasa, un pasamos de cuerda nos habilita el tránsito por ella. Un giro a derechas nos exhibe ese imponente pasillo de abismal desfondamiento. Los apoyos de pies y manos son perfectos, con la tranquilidad que esa cuerda instalada nos dará hasta llegar a la última sala de la cavidad. La sala del Vivac. Esta sala a primera vista cumple con el estándar de su nombre. Suelo plano y cubierto por abundante arena, placenteras dimensiones, y ambos extremos de gustoso interés. Por un lado, un alto laminador nos ofrece, tendidos en el suelo, un techo que emula a un bosque de finas formaciones blanquecinas, cuya profundidad va más allá de donde alcanza nuestra vista. El otro extremo es sin duda uno de esos lugares que te fundamentan el porqué en su día acertaste en hacer Espeleo. La Sala del Llac. Esta sala de pequeñas dimensiones es descomunal en vistosidad. Un lago igual a un enorme espejo, al reflejo de nuestras luces nos descubre un techo de calizas formaciones cuyos colores, predominando el blanco, varían conforme inciden los frontales sobre el agua. Puro espectáculo.

Dandonos por satisfechos, tras unas cinco horas de placentera actividad, iniciábamos nuestra salida de la Avenc, quedando al inicio del pasamanos esa cuerda que descendía hasta el río. Debido a las continuas lluvias de días anteriores, Josep nos advirtió de que el caudal no sería el idóneo. Paso obligado para la próxima visita a esta cautivadora Avenc.

Testigos fieles de lo relatado fueron Yess, Yola, Irache, Luis, Martin, Agus, Marta, Gema y Antonio. Partícipes todos ellos de lo vivido en este relato y convencidos todos y cada uno de que Els Ports nos está esperando.

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Una respuesta a “Els Ports. En las entrañas de Mont Caró

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