Curso exprés de espeleología 2020


Por Eli.

En marzo del 2020 comenzó nuestra experiencia como cursillistas de un nuevo programa de Introducción a la Espeleología impartido por los miembros del Club GEODA. Éramos seis las interesadas, todas mujeres y todas con algo en común: ¡muchas ganas de aprender!

En general, no habíamos tenido experiencia en cuevas, quizás habíamos visitado alguna cavidad, pero no estábamos familiarizadas con el equipo, las técnicas o la instalación, por lo que partíamos prácticamente de cero, pero este curso nos sirvió para iniciarnos en este deporte y poder progresar por nuestra cuenta en una cueva. Os queremos resumir nuestra experiencia.

Las jornadas se dividieron en tres partes, una parte teórica, otra práctica, y una experiencia en cueva.

PARTE TEÓRICA: Nuestro primer contacto con el Club.

La teoría se impartió mayormente en el local del Club GEODA y constó de varias clases en las cuales, en primer lugar, nos enseñaron los equipos de protección y seguridad que se utilizan en el campo de la espeleología, explicándonos detenidamente el funcionamiento de cada uno de los aparatos y su aplicación en diferentes situaciones, así como los diferentes tipos de cuerdas y anclajes.

Posteriormente, aprendimos de forma muy amena, el uso de topografías. Es decir, a interpretar los diferentes tipos de vistas sobre una cavidad y los elementos descritos en el mapa, para así poder prever el recorrido, el tiempo aproximado de duración de la actividad, y el material necesario para la instalación, algo absolutamente necesario para iniciar una actividad en una cueva.

Por último, nos mostraron la biología de las cuevas, qué tipo de vida encontraríamos en ellas y, sobre todo, cómo conservarla. En esta clase aprendimos que cercano a la superficie de la cavidad suele haber insectos y arácnidos, tal y como es fácil imaginarse, y una vez dentro, es habitual toparse con murciélagos de distintas especies, las cuales podríamos identificar por sus diferentes características y restos biológicos.

Estas sesiones nos sirvieron, además, para ir conociéndonos mejor entre nosotras e ir poniendo cara a los diferentes integrantes de Club GEODA.

PARTE PRÁCTICA: Aprendiendo a movernos.

Una vez familiarizadas con la teoría, el primer contacto práctico lo tuvimos en las paredes del Pontón de la Oliva (Patones), donde empezamos ascender y descender por primera vez en una pared totalmente vertical, haciendo uso del equipo y material de espeleología, y pasando todo tipo de obstáculos que podríamos encontrar en las cuevas, como nudos, fraccionamientos, pasamanos y péndulos.

Durante las prácticas conocimos a gran parte de los componentes del club. Todos ellos se mostraron muy serviciales, con muchísima paciencia y encanto; en todo momento, nos ayudaron aclarándonos ideas, salvándonos de situaciones de bloqueos mentales, permitiendo que nosotras mismas pensáramos en cada momento qué hacer y llegáramos a encontrar soluciones viables.

Poder aplicar todo lo aprendido resultó, sin duda, mucho más enriquecedor. Desgraciadamente, tras esta primera jornada de prácticas llegó el confinamiento y tuvimos que esperar ¡casi tres meses para volver a retomar las prácticas!

Al ser una situación excepcional, a la vuelta, volvimos a practicar de nuevo para recordar conceptos básicos a las paredes del Molar. ¡Eso sí, seguíamos con muchas ganas e ilusión!

EXPERIENCIA EN CUEVA: Lo más divertido.

Una vez finalizadas teoría y práctica a finales de junio, llegó el momento de meternos en una cueva de verdad. Para ello, el club eligió la zona de Valsalobre, en Cuenca, donde pasamos todo el fin de semana y tuvimos la ocasión de visitar dos de las muchas cuevas que hay en la zona.

En el momento previo a bajar, los monitores comprobaron nuestros equipos para estar seguros de que lo hacíamos con seguridad, y … con los nervios a flor de piel, llegó el momento de adentrarnos en lo que siempre será nuestra primera cueva, ¡la sima Juan Herranz I! En ella tuvimos que enfrentarnos a un primer pozo de 45 m. La instalación partía desde un árbol del cual íbamos descendiendo poco a poco hasta ponernos de espaldas al gran agujero (con todos nuestros temores). Una vez que ya nos posicionamos, los nervios se calmaron y continuamos con el descenso, pasando por varios fraccionamientos y pequeños péndulos, hasta llegar al pasamanos de acceso a La Sala. Esta sala nos sorprendió muchísimo: aquí vimos por primera vez los famosos Gours, estalactitas y estalagmitas, e incluso vimos bonitas formaciones de banderas. Toda la cueva estaba impregnada de arcilla y su precioso color. También fue aquí donde experimentamos por primera vez la oscuridad y el silencio absoluto, una sensación casi indescriptible que nos ha animado a seguir repitiendo.

En todo momento dentro de la cueva fuimos acompañadas de un monitor, el cual, durante el descenso y ascenso, además, iba situado en una vía paralela a la nuestra que le permitiera estar pendiente de cada uno de nuestros pasos.

Al día siguiente con las pilas recargadas, y con ganas de más, fuimos hacer la Sima Juan Herranz II bajando sólo el primer pozo, pero en esta ocasión sin contar con ayuda de un monitor situado en una vía paralela, si no como realmente se realiza la actividad, uno detrás de otro, lo que supuso un aprendizaje más. Esta cavidad nos impactó por su forma tubular y su gran dimensión. Pasamos varios fraccionamientos y bajamos hasta encontrar unos grandes bloques de piedras, y de nuevo vuelta a la superficie ascendiendo por un volado que nos hizo experimentar lo agotador que puede llegar a ser un ascenso, pero cuánto merece la pena el esfuerzo.

Queremos agradecer a los compañeros y compañeras del CLUB GEODA su acompañamiento en esta nueva aventura, su apertura aconsejándonos y su calidez a la hora de hacernos sentir parte del grupo. Ésto nos ha hecho ganar confianza y seguridad en nosotras mismas.
Después de este curso te sientes mas autónomo aunque siempre al principio es mejor ir con una supervisión de alguien que tenga mas experiencia, hasta que ya te encuentres totalmente cómodo y seguro.
Por último y no menos importante, queremos destacar que aparte del curso y el aprendizaje de la actividad, la convivencia durante la actividad es otra de las cosas claves que nos hicieron disfrutar muchísimo de la espeleología y nos animaron a continuar a formar parte del club GEODA. GRACIAS de nuevo a TODOS.

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